viernes, 20 de enero de 2012

Todas las mañanas

En el fondo, el sofá, apenas iluminado por una lámpara. En él, una hermosa mujer hojea incesante, como si buscara algo con urgencia, el periódico que cada mañana abandonan ante su puerta. Junto a ella, cerca de sus pies y sobre su zapatilla izquierda, el gato al que todavía no han puesto nombre (demasiadas diferencias de opiniones) se ha hecho un ovillo y una de sus patas roza levemente el suelo.


Del bloque, ningún ruido parece provenir, como si quisieran hacerles sentir que ese momento es sólo suyo, de los dos pequeños habitantes del tercero derecha.

En la radio, políticos embutidos en sus trajes intentan hacer creer lo imposible y desde la cocina, el ruido de la cafetera acompaña a estos dos jóvenes náufragos de su propio destino. Pronto, el aroma a café negro recién hecho impregnará cada una de las habitaciones.

Por el pasillo, con paso lento y gestos torpes, aparece él recién levantado. Se detiene ante la entrada de la sala, se apoya en el marco y no puede evitar observar la escena. Se siente dichoso por poder contemplarla cada mañana.

En la radio suena ahora el viejo tema de Van Zandt que bailaron hace mucho. Él, absorto todavía en la suerte que vive, se acerca a esa dama que no ha reparado en su presencia y la invita a bailar.

“...take me down Little Susie, take me down…”

Bajo la cálida luz de esa lámpara, embriagados por los recuerdos y las caricias, la mañana va pasando en el tercero derecha.

1 comentario:

comoungorila dijo...

send me dead flowers every morning...