Las calles empedradas
reflejos del sol
las estelas de colores
de coches al pasar
las terrazas al aire libre
durante la brisa de primavera
las conversaciones que danzan de mesa en mesa
las persianas recién echadas
y la fragancia de quien todavía se halla tras ellas
La sirena de un colegio cercano
y la estampida posterior de los niños
forman parte de mí
como también lo forman
las pequeñas tiendas de ultramarinos
y sus dueños de gafas y bigotes
El olor a jazmín de las casas
encerradas entre altos edificios
Los autobuses atestados de piezas de tetris
Las mañanas en silencio y
el gorjeo del café a punto de salir
Las noches de baile y cerveza
su posterior resaca
El amanecer y
el sonido de los durmientes
Las flores en las plaza
que cada día son regadas
El jardinero que las riega
Los insectos que se posan
y esparcen la vida
La mujer anciana que sale
a ganarse la vida y vende periódicos
El payaso de las bellas artes
a las puertas de una facultad sin arte
La alameda, sus fuentes y sus árboles
Los perros y sus dueños
La música, el cine, la literatura
Los taxis, los atascos, las prisas
El policía y el ladrón
La prostituta y su cliente
El cielo sin nubes
las nubes sin cielo
El pájaro en su jaula
que anhela el vuelo
Los estudiantes cansados que
regresan de su viaje
Los estresados, los borrachos,
los lunáticos, los depresivos,
las amas de casa,
los culo de sofá, los inquietos,
los apasionados y los distantes
Todos y cada uno me han visto
crecer, madurar
forman parte de mí
de lo que soy ahora y
seré mañana.
martes, 14 de septiembre de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010

Como fuego son nuestros deseos
como fuego, nuestros encuentros
el fuego en nuestras manos marca
el roce, el estremecimiento
como fuego las pasiones
las sábanas son las llamas
la hoguera, la noche
en una espiral de respiraciones
sudor entre los labios
furia descargada
penetrable entre dos cuerpos
entrelazados
jadeantes
extenueados
viernes, 30 de julio de 2010
De nuevo en la carretera.
De nuevo 140 kilómetros y horas de espera.
Esta vez los libros cobraron vida y sus personajes ocuparon los asientos libres del autobús. A mi derecha Talbot discutía con la imagen de mi yo futura. Bayard, detrás, cauteloso, perseguido, mordía sus uñas.
Recorriendo el pasillo, enfurecida, una figura a la que no logré identificar.
Los cristales teñidos de verde, amarillo y marrón. El campo hundido en manchas.
Un eco repetía: sigue adelante hijo rebelde, habrá paz cuando lo hagas,descansa tu cabeza y no llores más.
El cielo y la carretera eran uno. Líneas mezcladas en una sola dirección.
A 140 kilómetros de mi adolescencia
a dos horas de viejas fotografías.
De nuevo 140 kilómetros y horas de espera.
Esta vez los libros cobraron vida y sus personajes ocuparon los asientos libres del autobús. A mi derecha Talbot discutía con la imagen de mi yo futura. Bayard, detrás, cauteloso, perseguido, mordía sus uñas.
Recorriendo el pasillo, enfurecida, una figura a la que no logré identificar.
Los cristales teñidos de verde, amarillo y marrón. El campo hundido en manchas.
Un eco repetía: sigue adelante hijo rebelde, habrá paz cuando lo hagas,descansa tu cabeza y no llores más.
El cielo y la carretera eran uno. Líneas mezcladas en una sola dirección.
A 140 kilómetros de mi adolescencia
a dos horas de viejas fotografías.
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