"Adiós es una palabra triste, mejor decir hasta siempre"
Hasta siempre rey destronado. Por fin empiezas a levantar tu reino ladrillo a ladrillo, pero asegúrate de echar cemento esta vez.
Asegúrate, pintor, de cubrir tu obra para que ninguna lágrima pueda estropearla nunca más.
Asegúrate viejo luchador de no perder tus guantes en tu próxima batalla.
Asegúrate y cuida todo lo que vuelvas a levantar, que ningún huracán pueda llevárselo de nuevo. Elévalo, llévalo bien alto ahora que has recuperado tus alas y no olvides decir nunca las palabras que la última vez, por no ser pronunciadas, te lo arrebataron.
Estaré aquí siempre que cierres los ojos y tengas una pesadilla.
Tenderé mi mano siempre que la necesites. Siempre que tus fuerzas desfallezcan habrá alguien que te sujete.
Estaré aquí, a tres pasos de distancia,
NO LO OLVIDES.
martes, 23 de marzo de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
Voy conduciendo por una carretera. Larga, muy larga, que serpentea. Me gusta ir en zip zag a veces por la vida.
Voy conduciendo por una carretera, en soledad. Está bien si vas en zip zag, para qué marear a los demás.
Veo el atardecer al fondo desde mi retrovisor. Se aleja rápidamente. Pronto vendrá la noche pero seguiré conduciendo.
La radio puesta, una emisora de rock. Los 70, 80 y 90 aguantarán al menos hasta que finalice mi viaje.
Una mano sobre el volante, la otra sujetando un cigarrillo y apoyada en la ventana.
Cuarenta grados fuera.
Conduzco sobre agua.
No hay árboles. Es un terreno desértico.
Cierro los ojos un segundo y me imagino sentada frente al portátil, escribiendo. Rock sureño de fondo. Cenicero repleto de colillas a la izquierda y café a la derecha.
El sol reflejado en la ventana entreabierta de enfrente.
Una pequeña brisa mueve las cortinas y los papeles apilados en el escritorio.
Abro los ojos.
Estoy conduciendo por una carretera.
Voy conduciendo por una carretera, en soledad. Está bien si vas en zip zag, para qué marear a los demás.
Veo el atardecer al fondo desde mi retrovisor. Se aleja rápidamente. Pronto vendrá la noche pero seguiré conduciendo.
La radio puesta, una emisora de rock. Los 70, 80 y 90 aguantarán al menos hasta que finalice mi viaje.
Una mano sobre el volante, la otra sujetando un cigarrillo y apoyada en la ventana.
Cuarenta grados fuera.
Conduzco sobre agua.
No hay árboles. Es un terreno desértico.
Cierro los ojos un segundo y me imagino sentada frente al portátil, escribiendo. Rock sureño de fondo. Cenicero repleto de colillas a la izquierda y café a la derecha.
El sol reflejado en la ventana entreabierta de enfrente.
Una pequeña brisa mueve las cortinas y los papeles apilados en el escritorio.
Abro los ojos.
Estoy conduciendo por una carretera.
viernes, 26 de febrero de 2010
A mi lado duerme él
A mi lado duerme un ángel silencioso sin sus alas.
A mi lado duerme un rey destronado.
Su reino consumido por el fuego.
A mi lado duerme un pintor sin su musa.
Su lienzo rasgado, desdibujado por las lágrimas que un día cayeron.
A mi lado duerme un hombre castigado.
Un viejo amante anhelante
un luchador sin sus guantes
que un día lo tuvo todo y sueña con recuperarlo.
A mi lado duerme la mirada de un pirata
de un pícaro desvergonzado
pero sobre todo la mirada de un niño.
A mi lado duerme la furia del océano
el cólera de una tormenta
la serenidad de un marinero.
A mi lado duerme Zeus sin su rayo,
Vulcano sin su fuego.
A mi lado duerme un vagabundo, un trotamundo
que lo ha visto todo
y no le es suficiente
A mi lado es lluvia que golpea los cristales y resbala
es ceniza, es polvo, es ave que vuelve a volar
A mi lado duerme un rey destronado.
Su reino consumido por el fuego.
A mi lado duerme un pintor sin su musa.
Su lienzo rasgado, desdibujado por las lágrimas que un día cayeron.
A mi lado duerme un hombre castigado.
Un viejo amante anhelante
un luchador sin sus guantes
que un día lo tuvo todo y sueña con recuperarlo.
A mi lado duerme la mirada de un pirata
de un pícaro desvergonzado
pero sobre todo la mirada de un niño.
A mi lado duerme la furia del océano
el cólera de una tormenta
la serenidad de un marinero.
A mi lado duerme Zeus sin su rayo,
Vulcano sin su fuego.
A mi lado duerme un vagabundo, un trotamundo
que lo ha visto todo
y no le es suficiente
A mi lado es lluvia que golpea los cristales y resbala
es ceniza, es polvo, es ave que vuelve a volar
Suscribirse a:
Entradas (Atom)